

El 10 de diciembre del 2008 se cumplen 100 años del nacimiento del compositor francés Olivier Messiaen. La ornitología, la relación entre la música y el color, y su profunda apropiación de la fe cristiana son algunos de los elementos que dan vida a su obra, además de su muy particular acercamiento a la música medieval, la música de la India, y a Mozart, Wagner y Debussy. La espiritualidad de algunas de sus obras, su genialidad y su carrera como organista sugieren una comparación con Johann Sebastian Bach. La relevancia inconmensurable de su música, aunada a la individualidad de su cosmovisión, lo hacen uno de los grandes pilares de la música del siglo XX.
Sin embargo, siendo Instrumenta Verano un espacio fundamentalmente académico, es por su destacada labor docente que consideramos de suma importancia rendirle homenaje. Iannis Xenakis, Pierre Boulez, Karlheinz Stockhausen y Gérard Grisey son sólo algunos de los nombres que transitaron por el aula de este maestro infatigable del Conservatorio de París. Fue precisamente ahí, así como en los cursos de verano de Darmstadt, donde confluyeron su pedagogía y su oficio, y lo llevaron a escribir obras que marcarían a las generaciones por venir, dejando una huella indeleble en la historia de la música.
Consecuentemente, hemos elegido una obra emblemática del compositor: Colores de la Ciudad Celeste, que será interpretada por los alumnos en el concierto de clausura y a la que rendimos tributo a través del título de esta edición de Instrumenta Verano.
20 miradas
Dentro del vasto repertorio para piano de Messiaen, destacan sus Veinte miradas al niño Jesús. Los pianistas de Instrumenta Verano 2008 interpretarán, a lo largo de dos semanas, selecciones de esta obra, como hilo conductor de nuestro homenaje al maestro.


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En su última edición, Instrumenta dio un decisivo giro pedagógico al enfocarse menos en la práctica orquestal y a cambio, diseñar sus actividades alrededor de la música de cámara. Además de tutorías individuales, los alumnos tuvieron la oportunidad de participar en cuartetos, pequeños ensambles y cameratas, todos estos asesorados por una distinguida planta académica explícitamente conformada por expertos en la materia.
Instrumenta Oaxaca es un programa permanente de desarrollo musical que comprende la educación, creación, difusión y la investigación de la musica. A través de estos cuatro conceptos se busca crear nuevos públicos, la promoción de nuevos talentos y la divulgación de la música.
La geografía sonora de Oaxaca ha permitido a Instrumenta Oaxaca sumar a sus diversas músicas, la experiencia de la música de concierto al llevarla a sus teatros, sus museos, sus mercados, sus calles, sus espacios de asistencia social y a sus comunidades. El aprendizaje de músicos de diversas partes del mundo, tanto en el rol de maestro como de participantes, se transforma día a día en un festín de generosidad al compartir con el público oaxaqueño la interpretación de lo aprendido en cada uno de los espacios académicos.
Para su V edición, Instrumenta se complace en ir aún más lejos. Los talleres de música de cámara cobran mayor importancia y se convierten en proyectos que forman el eje principal sobre el cual se construyen las actividades artísticas y académicas.

El Teatro Macedonio Alcalá es uno de los íconos más representativos de la ciudad de Oaxaca. Como con una gran mayoría de las construcciones de principios del siglo pasado, el teatro tiene influencias arquitectónicas de diversos orígenes; tiene un estilo ecléctico, mezcla de, entre otras cosas, art nouveau y neorrenacentista. Sus asientos cuadrados, como cortados a cincel y en forma de almohadilla rústica, remiten a los sillares del Renacimiento; mientras que sus fachadas simétricas y con vértices semicirculares, nos remiten al estilo francés.
La ascendencia arquitectónica del teatro es europea, pero óptimamente confundida con la esencia de lo mexicano. El teatro Macedonio Alcalá es uno de los tantos resultados del auge constructor porfiriano. Su edificación se inició en 1903 y se terminó en 1909, y, desde entonces, el teatro ha tenido un desenvolvimiento versátil en cada época. Es un teatro ecléctico e interdisciplinario y, como tal, virtud y defecto, el teatro ha sufrido varias modificaciones que a la postre lo dejaron un poco desmejorado. Esto, dicho sea de paso, llega al anecdótico extremo de que, en un principio, el teatro se llamó Teatro Mier y Terán, en honor a un general porfirista que gobernó Oaxaca; posteriormente, se llamó Jesús Carranza, en honor al militar revolucionario y, finalmente, adquirió el nombre de Macedonio Alcalá, nombre más pertinente, puesto que se trata del compositor de Dios nunca muere, un vals considerado como uno de los himnos de los oaxaqueños.
A partir del año 2000, después del temblor de1999, el teatro, finalmente, empezó a ser remodelado. Decisión que hay que saludar, puesto que, cada vez más, el teatro se vuelve un espacio destinado al arte.
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El Andador Macedonio Alcalá o la Babel horizontal, es una atractiva conjunción de museos, comercios, músicos y sabores. Vestida de cantera verde, piedra de musgo y casas coloridas, en 1985, se transformó en un espacio meramente peatonal donde se respiran, dentro de su actividad, retazos de otra época. El andador desemboca en la plaza de Santo Domingo que, de la mano del andador, es un destino mancomunado para todo aquel que quiera degustar un buen pedazo de la variedad oaxaqueña.


La Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, cada vez más, es uno de los frentes artísticos más importantes de Oaxaca.
Esta institución, tiene su antecedente en el Instituto de Ciencias y Artes, organismo que, en 1827, abrió sus puertas a los estudiantes de estas áreas. No fue, sino hasta 1955, que, por ley, el instituto devino en Universidad. Desde entonces, su fortalecimiento académico ha venido aumentando y, con él, su presencia en la vida cultural oaxaqueña cada vez es más imprescindible.

Universidad, cuartel, establo, un recinto de culto, plegarias, laicismos jacobinos y más de cuatro siglos, son, entre otros, algunos de los componentes que han confluido en la historia del ex convento de Santo Domingo de Guzmán. En él, su templo, es una de las edificaciones más representativas del barroco novo hispano y un símbolo eminente de Oaxaca que, junto con todo el centro histórico que la ciudad, conforman, oficialmente, un deleitable Patrimonio histórico de la humanidad que el estado de Oaxaca nos brinda.
El recinto ideado por la Orden dominica es depositario de una riqueza histórica sin parangón, y tanto, que, hoy día, además de ser una notable evidencia de la historia, constituye el Centro Cultural Santo Domingo, mismo que está compuesto por cuatro instituciones: El Museo de las culturas de Oaxaca; el Jardín Histórico etnobotánico; la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa y la hemeroteca pública “Periodista Néstor Sánchez Hernández”.
No deja de ser curioso que, la otrora capital evangelista, se haya convertido en un excelso lugar para apreciar a las culturas autóctonas de la región. Ese es el sabor de la ciudad, del estado, de nuestro país y, por supuesto, la plataforma idónea para pensar la diversidad; en este caso, por supuesto: musical.

Es el corazón de la nación de naciones y el ombligo de la ciudad jade, es un lugar donde confluyen los sabores de la cadencia indígena, del porte colonial y de la consonancia mestiza. Trazado en 1529, por Juan Peláez, el primer alcalde la ciudad, el zócalo ha albergado pleitos, reconciliaciones históricas y cambios arquitectónicos. En 1739, se colocó una fuente de mármol, misma que, en 1857, fue reemplazada por un quiosco que, hoy día, tampoco existe puesto que, en 1901, fue sustituido por el quiosco actual.



Talleres:
• Haydn, Mozart, Beethoven: la sonata
También dirigido por el maestro Kraemer, este taller permitirá a los violinistas que decidan participar, trabajar sonatas del periodo clásico asesorados por un reconocido experto en la interpretación histórica.
